Así impacta en nuestro cerebro tener un gato como mascota
Los gatos pueden tener fama de independientes, pero compartimos una conexión única con ellos, impulsada por la química cerebral. La principal sustancia implicada es la oxitocina, la hormona del amor, que fomenta la confianza y el afecto. Esta hormona es fundamental en los vínculos sociales y tiene efectos calmantes al reducir el cortisol, la hormona del estrés.
Aunque los gatos son más sutiles mostrando afecto, las interacciones amistosas, como acariciarlos o escuchar su ronroneo, desencadenan la liberación de oxitocina tanto en los humanos como en los felinos. Este aumento es mayor cuando el contacto es relajado y no forzado. Los gatos con un vínculo seguro que inician el contacto muestran un aumento significativo de esta hormona.
A diferencia de los perros, los gatos no dependen del contacto visual prolongado, sino de señales más sutiles como el parpadeo lento. Su ronroneo también reduce el estrés y la presión arterial en los humanos, mediado por la oxitocina. La compañía de un gato, reforzada por estas pequeñas liberaciones hormonales diarias, puede servir como amortiguador contra la ansiedad y la depresión.
La confianza de un gato no es automática, hay que ganársela. Pero una vez concedida, se refuerza con la misma sustancia química que une a los padres, parejas y amigos humanos. Así que la próxima vez que su gato se acurruque en su regazo, sepa que la oxitocina está aumentando en ambos cerebros, profundizando la confianza y aliviando el estrés.

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