Cambiar de lado el tubo de escape de un vehículo reduce un 40% la contaminación
Hasta ahora nadie había reparado en la importancia de la posición y repercusión del tubo de escape en la parte trasera de un vehículo, excepto los impulsores de un estudio de la Universidad de York. El estudio, publicado por la Sociedad Química Americana, revela cómo la ubicación del tubo de escape afecta a los peatones, destacando la exposición a la contaminación atmosférica relacionada con el tráfico (TRAP) como un problema global, especialmente cerca de carreteras.
Se identificaron tres factores clave: tasas de emisión, composición de contaminantes y comportamiento de dispersión. Utilizando la técnica "plume regression", se analizaron las concentraciones de TRAP, concluyendo que la posición del tubo de escape influye significativamente. Aunque la reubicación no reduce las emisiones totales, minimiza la exposición humana a contaminantes nocivos como el NOx.
En el Reino Unido, donde se conduce por la izquierda, solo el 38% de los vehículos tenían escapes en el lado derecho (alejados de la acera). Si todos los diésel los tuvieran en ese lado, la exposición al NOx para peatones disminuiría un 33%. Los autores sugieren que, aunque modificar vehículos existentes es costoso, futuros diseños podrían optimizar la ubicación del escape según el país.
Además, los vehículos eléctricos reducen indirectamente la TRAP al diluir los gases de escape con turbulencias, lo que refuerza la necesidad de acelerar su adopción. El estudio subraya que, aunque la mayoría de los coches se fabrican para circular por la derecha, adaptar la posición del escape según el país podría mejorar la calidad del aire cerca de las aceras.

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