Cuándo podremos decir un “sí” rotundo a “hemos encontrado vida en Marte”
Una roca moteada llamada Cheyava Falls en el cráter Jezero ha reavivado la pregunta de si hay o hubo vida en Marte. La NASA anunció el hallazgo de posibles biofirmas en esta roca, entre minerales e indicios orgánicos, lo que genera un frenesí cauteloso. Sin embargo, aún no es una prueba concluyente.
Este tipo de mezcla de moléculas orgánicas y minerales puede formarse por microorganismos o por procesos químicos, por lo que la ambigüedad mantiene abierto el debate. Anteriormente, el rover Curiosity detectó moléculas orgánicas y variaciones de metano, posibles indicios, pero no vida en sí.
La comunidad científica utiliza una escala de confianza para detectar vida, llamada CoLD, que requiere múltiples pruebas independientes y descartar explicaciones no biológicas. Una química orgánica compleja con homoquiralidad o isótopos específicos serían buenos indicios, pero nunca una sola pista es suficiente.
La confirmación ideal llegaría con el retorno de muestras a la Tierra para su análisis en laboratorios bajo estrictos protocolos. Dos ventanas realistas para una respuesta son el rover europeo Rosalind Franklin, que llegará a Marte hacia 2033, y la misión de retorno de muestras de la NASA y la ESA, que no dará veredicto antes de la década de 2040.
Incluso si se encuentran biofirmas tentadoras, la confirmación requerirá recorrer toda la escalera CoLD. El escepticismo no es un freno, sino la dirección del proceso. Si la vida marciana existió, nos esperará. Y si no, el hallazgo más grande será entender por qué la vida surgió aquí.

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