De recibir descargas eléctricas a triturar gusanos: por qué el aburrimiento nos vuelve impredecibles
El filósofo danés Kierkegaard afirmaba que el aburrimiento es el origen del mal. Este estado emocional desagradable surge en situaciones poco estimulantes, generando inquietud, falta de interés e impulsividad. Esta búsqueda de estímulos puede llevar a malas decisiones.
Un experimento en *Science* mostró que, al estar aburridos, muchas personas prefieren autoadministrarse descargas eléctricas desagradables antes que no hacer nada. En la vida cotidiana, el aburrimiento impulsa conductas de riesgo, como manejar temerariamente, tener relaciones sexuales sin protección o consumir alcohol. Esto es más común en hombres jóvenes.
En el trabajo, el aburrimiento lleva a distracciones, fingir ocupación o incluso robar materiales. También puede buscar estimulación social, a veces positiva (ayudar a otros) o negativa (comportamientos sádicos). Un estudio mostró que personas aburridas eran más propensas a lastimar gusanos, especialmente aquellas con rasgos sádicos.
Sin embargo, no siempre el aburrimiento lleva a malas decisiones. En tareas sin estímulo, como distribuir dinero, no afecta la generosidad o la aversión al riesgo. Si la decisión ya es aburrida, el aburrimiento no empeora la elección.

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