El infundado temor de volver a coger peso tras un cáncer de mama

📅 05/11/2025 📂 salud

El cáncer de mama: una realidad global

Anualmente, más de dos millones de personas en todo el mundo son diagnosticadas con cáncer de mama. Si bien puede presentarse en hombres y mujeres, su incidencia es significativamente mayor en la población femenina, constituyendo el tipo de cáncer más común entre las mujeres.

Los progresos en medicina han permitido que numerosas pacientes venzan la enfermedad, aunque se enfrentan a transformaciones físicas, emocionales, sociales, familiares y profesionales que las llevan a adaptarse a una nueva realidad en poco tiempo.

Para quienes han pasado por una intervención quirúrgica, surge además una preocupación interna: el temor a cargar peso con los brazos y realizar tareas habituales. ¿Existe fundamento para esta inquietud?

La evolución en el manejo postoperatorio

Durante décadas, la restricción en el uso del brazo tras una operación de cáncer de mama ha representado un obstáculo en la rehabilitación de estas pacientes. La justificación teórica residía en el posible daño que los tratamientos oncológicos podían causar al sistema linfático, que funciona como una red de circulación paralela (a través de sus conductos, vasos y capilares distribuidos por el cuerpo, fluye la linfa).

En áreas como la axila se localizan los ganglios linfáticos, estructuras pequeñas que filtran la linfa eliminando sustancias nocivas. Estos ganglios también tienen relación con el sistema inmunológico. Cuando el tumor los afecta, puede ser necesaria su extirpación, lo que altera la circulación linfática. Asimismo, la radioterapia aplicada en la zona puede comprometer esta circulación, elevando el riesgo de desarrollar linfedema.

El linfedema consiste en la acumulación de líquido linfático en el brazo, generando síntomas como dolor, sensación de pesadez, así como modificaciones en la funcionalidad y apariencia de la extremidad.

Cambio de paradigma: del reposo a la actividad

Tradicionalmente se pensaba que la actividad del brazo incrementaba el riesgo de linfedema, por lo que se recomendaba limitar su uso. Por ejemplo, en la década de 1970 se desaconsejaban ejercicios que aumentaran el flujo sanguíneo, y en los años 80 existía una extensa lista de prohibiciones para el brazo afectado.

Estas restricciones se complementaban con la indicación de reposo, destinado a aliviar la fatiga. No fue hasta 1989 cuando se publicó el primer estudio sobre los beneficios del ejercicio aeróbico en pacientes oncológicos, específicamente en mujeres con cáncer de mama.

A comienzos del siglo XXI emergieron investigaciones que señalaban las ventajas del ejercicio para la función física y el control del peso corporal en estas pacientes. Incluso se observó que caminar durante la quimioterapia o radioterapia parecía reducir el cansancio. Hoy, las principales organizaciones oncológicas reconocen que la actividad física debe integrarse en el tratamiento del cáncer.

Recomendaciones actuales sobre actividad física

Superando barreras para la práctica de ejercicio

Sabemos que recomendar no siempre se traduce en acción: diversas dificultades obstaculizan la práctica de ejercicio en estas pacientes. En un breve lapso, experimentan múltiples cambios físicos: disminución de masa muscular, pérdida de funcionalidad, aumento de peso, fatiga, dolor... Además, muchas desconocen qué hacer o cuándo iniciar la actividad.

Es fundamental considerar que el ejercicio debe ser siempre personalizado. Aquí la fisioterapia juega un papel crucial, siendo indispensable para diseñar un enfoque terapéutico y adaptado a cada persona.

Guía práctica para la recuperación

Aunque es esperable establecer un período de recuperación e incrementar el peso progresivamente, no existe un límite máximo en la cantidad que puede cargarse. Cualquier indicación que contemple restricciones se basa en el mito que asocia esta actividad con la aparición de linfedema.

Conclusiones

Enfrentar una enfermedad como el cáncer de mama y sus consecuencias representa una experiencia desafiante. Sumar a esto la creencia errónea de que no podrán retomar actividades cotidianas, como cargar a un nieto o realizar compras independientemente, solo conduce al temor, la fragilidad y la pérdida de los beneficios que aporta el ejercicio.

Aunque la ciencia ha demostrado que utilizar el brazo después de una cirugía por cáncer de mama es seguro y ventajoso, aún queda trabajo por hacer para difundir este mensaje y que llegue a toda la sociedad.

El infundado temor de volver a coger peso tras un cáncer de mama

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