El relato de la IA está roto… y así podemos arreglarlo
La narrativa sobre la Inteligencia Artificial: Un problema de representación
La Inteligencia Artificial (IA) no está hecha solo de información, hardware o algoritmos; también la conforman las historias y las analogías que utilizamos para describirla. Estas narrativas son cruciales. La concepción colectiva que rodea a una innovación tecnológica modela la comprensión pública de la misma y, en consecuencia, orienta su aplicación, desarrollo y efectos en la comunidad.
El desajuste entre el mito y la realidad
Por ello es alarmante que, de acuerdo con la mayor parte de las investigaciones, la imagen predominante de la IA guarde escasa relación con su verdadera naturaleza. Las recurrentes ilustraciones de androides con forma humana y la narrativa que humaniza a los chatbots, presentándolos como "ayudantes" o mentes sintéticas, son efectivas para fines comerciales o mediáticos, pero se sustentan en ficciones que alteran la verdadera identidad, el potencial y las restricciones de los sistemas de IA contemporáneos.
Si la manera en que conceptualizamos la IA es equívoca, ¿cómo llegaremos a comprender esta tecnología genuinamente? Y sin una comprensión adecuada, ¿cómo podríamos emplearla, legislarla o dirigirla hacia nuestros objetivos?
La idea de la "tecnología autónoma"
Esta representación deformada se inserta en una confusión más amplia que el teórico Langdon Winner denominó en 1977 como "tecnología autónoma": la noción de que las máquinas han adquirido una especie de voluntad propia y operan de manera independiente y con frecuencia dañina sobre la sociedad.
La IA se erige hoy como la encarnación ideal de esta visión, pues flirtea con el antiguo mito de crear una entidad pensante e independiente… y con el castigo consecuente por usurpar una facultad divina. Un arquetipo narrativo milenario que recorre desde Frankenstein hasta Terminator, de Prometeo a Ex Machina.
Un nombre que induce a error
El mito de la autonomía tecnológica ya se insinúa en la propia denominación "inteligencia artificial", término propuesto por el científico John McCarthy en 1955. La expresión fue un acierto a pesar de —o quizás gracias a— generar numerosos equívocos.
Como apunta Kate Crawford en su obra Atlas de IA: "La IA no es artificial ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística, historias y clasificaciones".
Las consecuencias de un relato distorsionado
La mayoría de los inconvenientes con la narrativa hegemónica sobre la IA pueden achacarse a esta inclinación a retratarla como un ser autónomo, casi extraterrestre, inescrutable y ya fuera de nuestro gobierno o nuestras determinaciones.
El lenguaje empleado por numerosos medios, instituciones e incluso especialistas está repleto de:
- Antropomorfismo y animismo (atribuir cualidades humanas o vida a las máquinas).
- Imágenes de robots y cerebros artificiales.
- Anécdotas, casi siempre falsas, sobre sistemas que se rebelan o actúan de modo incomprensible.
- Discusiones sobre una supuesta conciencia de las máquinas.
- Una sensación de urgencia y destino inevitable.
La promesa de la Inteligencia Artificial General (IAG)
Esta visión culmina en la narrativa que ha impulsado el campo desde sus comienzos: la promesa de la IA General (IAG), una hipotética inteligencia a nivel humano o superior que transformaría el mundo o incluso a la especie. Compañías como Microsoft u OpenAI y figuras como Elon Musk han venido anunciando la IAG como un logro siempre inminente.
No obstante, la realidad es que el camino hacia esa tecnología es incierto y ni siquiera existe acuerdo sobre si será factible crearla alguna vez.
El problema no es solo académico. La visión determinista y animista construye un futuro prefijado. El mito de la tecnología autónoma sirve para:
- Inflar las expectativas sobre la IA.
- Desviar la atención de los retos tangibles que presenta.
- Entorpecer un debate público más informado y diverso.
Estas narrativas, además de combinar esperanzas y miedos desmesurados, han contribuido a hinchar la posible burbuja económica de la IA sobre la que advierten diversos análisis. Si esta burbuja existe y estalla, será importante recordar que se alimentó no solo de avances técnicos, sino también de una representación tan llamativa como falaz.
Hacia un nuevo relato: De lo autónomo a lo relacional
Reparar la narrativa defectuosa sobre la IA exige destacar su dimensión cultural, social y política. Esto implica abandonar el mito dualista de la tecnología autónoma y adoptar una perspectiva relacional que comprenda la IA como resultado de la interacción entre la técnica y las personas.
En la práctica, este giro narrativo supone cambiar el enfoque de la representación:
- De la tecnología a los seres humanos que la dirigen.
- De un futuro tecno-utópico a un presente en construcción.
- De visiones apocalípticas a los riesgos actuales.
- De una IA única e inevitable al énfasis en la autonomía, la capacidad de elección y la diversidad humanas.
Estrategias para un cambio narrativo
Diversas tácticas pueden impulsar estos desplazamientos. En propuestas como las del libro Tecnohumanismo. Por un diseño narrativo y estético de la inteligencia artificial, se sugieren recomendaciones de estilo para evadirse del relato de la IA autónoma. Por ejemplo:
- Evitar usar la IA como sujeto de la oración, cuando su papel es el de herramienta.
- No atribuirle verbos con cualidades humanas (como "querer", "pensar", "desear").
Experimentar con el término "IA" también ayuda a ver cómo las palabras moldean nuestra percepción. ¿Qué sucede si en una frase lo sustituimos, por ejemplo, por "procesamiento de tareas complejas"? Esta fue una de las denominaciones más modestas pero precisas que se consideraron en los inicios de esta disciplina.
Conclusión: Un reto ético urgente
Los debates fundamentales sobre la IA —desde su regulación hasta su influencia en la educación o el trabajo— seguirán desenvolviéndose en un terreno movedizo mientras no se enmiende el modo en que la representamos. Diseñar una narrativa que haga visible la realidad socio-técnica de la IA es un desafío ético apremiante que beneficiará tanto al desarrollo tecnológico como a la sociedad en su conjunto.

Contenido original en https://theconversation.com/el-relato-de-la-ia-esta-roto-y-asi-podemos-arreglarlo-267235
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