El sufrimiento mudo e invisible de los peces
Cada año, más de mil millones de peces son capturados o criados en Europa para el consumo humano. Su bienestar sigue siendo una asignatura pendiente, a diferencia de otros animales de granja. Durante mucho tiempo se pensó que los peces no podían sufrir por carecer de corteza cerebral, pero investigaciones recientes han demostrado lo contrario. Los peces tienen cerebros distintos pero complejos, capaces de procesar dolor y emociones. Estudios muestran que truchas inyectadas con ácido acético desarrollan comportamientos indicativos de dolor, que disminuyen con analgésicos. Además, especies como el pez cebra exhiben capacidades cognitivas avanzadas, como aprendizaje por observación y memoria espacial.
En 2011, investigadores brasileños observaron que peces cebra sometidos a estrés mostraban comportamientos similares a la ansiedad en mamíferos. Incluso se ha documentado "fiebre emocional", donde el estrés aumenta su temperatura corporal. La Declaración de Cambridge sobre la Conciencia, firmada en 2012, afirma que muchos animales no humanos, incluidos los peces, poseen sustratos neurológicos para experiencias conscientes.
A pesar de esto, la legislación europea es ambigua en cuanto al bienestar de los peces. Mientras existen normas estrictas para mamíferos, los peces carecen de protecciones similares. Métodos crueles de sacrificio, como asfixia o desangrado sin aturdimiento, siguen siendo comunes. La falta de regulación contrasta con los avances en otros sectores ganaderos.
Parte del problema es la percepción pública: los peces no expresan dolor de manera reconocible para nosotros, lo que facilita su invisibilidad. Sin embargo, poseen sistemas nerviosos complejos y capacidades cognitivas que desafían estereotipos. Algunas especies incluso usan herramientas o reconocen su reflejo.
Existen soluciones técnicas para reducir el sufrimiento, como aturdimiento eléctrico o mejores prácticas de transporte, pero falta voluntad política. Organizaciones como FishEthoGroup y Eurogroup for Animals exigen cambios legislativos. Implementar estas medidas no solo es ético, sino que mejora la calidad del producto y responde a la demanda de consumidores informados.
La ciencia ha demostrado que los peces son seres sintientes. Ahora es responsabilidad de la política y la sociedad actuar en consecuencia. Como consumidores, podemos exigir transparencia y apoyar prácticas más responsables. La pregunta no es si los peces sufren, sino por qué seguimos ignorándolo. Es hora de escuchar el silencio bajo el agua.

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