La sorprendente conexión entre una foca, una almeja y un calamar
Hace unos días, mi editora me retó a encontrar qué tienen en común una foca leopardo, una almeja y un calamar. Pensé que sería imposible, pero estaba equivocado. La foca bucea a grandes profundidades, la almeja se entierra en la arena con su pie musculoso y el calamar se propulsa a chorro con cambios de color. Tras investigar, descubrí cuatro conexiones sorprendentes.
Primero, los tres usan hidráulica, como grúas o frenos. Los bigotes de la foca detectan cambios de presión para rastrear presas. La almeja bombea fluido para enterrarse, y el calamar lanza sus tentáculos a alta velocidad o escapa expulsando agua.
Segundo, los tres usan carbonato cálcico. La foca lo integra en huesos y otolitos para equilibrio. La almeja construye una concha resistente, y el calamar conserva estatolitos, órganos de equilibrio heredados.
Tercero, descentralizan su sistema nervioso. La foca duerme con medio cerebro y procesa datos de sus bigotes. El calamar tiene neuronas en sus brazos, que actúan semiindependientes. La almeja usa ganglios para control local.
Por último, muestran evolución convergente: soluciones similares a desafíos comunes. La hidráulica, el carbonato cálcico y sistemas nerviosos especializados surgieron independientemente. Como aves y murciélagos desarrollaron alas, o tiburones y delfines formas hidrodinámicas.
Estas criaturas revelan la creatividad de la evolución: un mismo problema, múltiples soluciones. La foca, la almeja y el calamar son respuestas distintas a vivir en el océano, demostrando que la naturaleza repite patrones con ingenio infinito.

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