Me gusta, le gusto, ¿ahora qué? La probabilidad de vivir una historia de amor
Me gusta, le gusto. Este suele ser el detonante de historias de amor, aventuras o episodios fugaces entre dos personas. Aunque se atribuye un carácter mágico, la atracción está determinada por factores biológicos y psicológicos, como simetría, hormonas, semejanza o reciprocidad.
El cerebro detecta esa atracción en milésimas de segundo, pero sentir no es lo mismo que actuar. La literatura y el cine muestran amores no realizados, como Dante y Beatriz o Cyrano y Roxane. Tras la atracción inicial, surge la pregunta: ¿y ahora qué?
La teoría de juegos ayuda a entender este dilema, similar al "juego del gallina", donde ambos prefieren que el otro dé el primer paso. Si nadie actúa, la aventura termina antes de empezar. Un equilibrio de Nash sugiere que uno debe ceder, pero si ambos esperan, el romance no avanza.
Culturalmente, en Occidente se ha asignado tradicionalmente al hombre el rol de tomar la iniciativa, una solución focal para evitar el desastre romántico. Sin embargo, lo óptimo es no jugar al gallina y actuar, moviendo ficha primero. Las matemáticas indican que es ventajoso dar el primer paso, especialmente en contextos donde la competencia es alta.
Si no se actúa, el resultado suele ser: me gusta, le gusto, no voy, no viene, fin.

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