Necesitamos científicos más comprometidos y gobernantes mejor informados

📅 05/10/2025 📂 salud

La Inevitable Relación entre Ciencia y Política

La investigación científica nunca ha existido en un vacío libre de influencias. Desde la determinación de qué áreas investigar hasta la asignación de recursos económicos, las decisiones políticas han guiado constantemente el desarrollo del conocimiento.

Un Caso Reciente: Cambios en la Cooperación Internacional

La elección de Donald Trump demostró cuán vulnerable puede ser la conexión entre estos dos ámbitos. En 2020, el gobierno estadounidense anunció su salida de la Organización Mundial de la Salud, medida que fue anulada posteriormente por la administración de Joe Biden. Sin embargo, años más tarde, se presentó nuevamente una solicitud formal de retiro que se haría efectiva posteriormente. Este episodio representa no solamente una determinación administrativa, sino también un distanciamiento explícito de la colaboración científica internacional en tiempos de desafíos globales interconectados.

La Pregunta Correcta

En este escenario, cuestionar si la investigación debe involucrarse en asuntos políticos pierde relevancia. La interrogante más significativa es cómo los procesos de toma de decisiones pueden incorporar más rigurosamente los principios científicos.

Antecedentes Históricos y Situación Actual

Desde períodos históricos hasta la actualidad, los embates contra el conocimiento científico no constituyen novedad. En nuestros días, aspectos como el calentamiento global, la educación sexual y los programas de inmunización han sido blanco de campañas de desinformación e influencias políticas en diversas naciones.

La idea de que la ciencia opera con completa imparcialidad se desvanece cuando autoridades o grupos con agendas específicas optan por ocultar información inconveniente o desprestigiar a especialistas. Como indica una publicación reciente en una prestigiosa revista científica: "discutir si la ciencia debe ser política carece de sentido, puesto que siempre ha estado influenciada por la política y actualmente más que nunca".

Diplomacia Científica: Del Optimismo al Realismo

La diplomacia científica -el empleo de la investigación como elemento de unión en relaciones entre países- emergió como un enfoque esperanzador para abordar problemas mundiales. No obstante, un análisis reciente de importantes instituciones académicas reconoce que ese entusiasmo inicial ha evolucionado hacia una postura más pragmática: el conocimiento por sí mismo no puede solucionar conflictos bélicos, emergencias sanitarias globales o la crisis ambiental.

El documento enfatiza que la interacción entre ciencia y política es recíproca. Esto revela una realidad incómoda: la generación de conocimiento está condicionada por intereses geopolíticos, desequilibrios estructurales y factores económicos. Pasar por alto esta circunstancia perpetúa desigualdades, particularmente entre regiones desarrolladas y en desarrollo.

Un Ejemplo Ilustrativo

Un caso reciente ejemplifica esta tensión: el debate interno en una prestigiosa sociedad científica sobre si imponer sanciones a una figura pública por comportamientos que, según numerosos investigadores, perjudican la credibilidad institucional. Algunos argumentaron que cualquier medida constituiría un acto político que comprometería la pretendida neutralidad académica; otros sostuvieron que la inacción minaría la misión fundamental de defender la integridad científica.

Este dilema demuestra un aspecto crucial: cuando las entidades científicas deciden no actuar, igualmente están adoptando una postura política. La pasividad puede interpretarse como complicidad o indiferencia ante los ataques contra la evidencia.

La Ciencia en la Sociedad

Pensadores contemporáneos han afirmado que la ciencia no puede separarse del contexto social, pues siempre está impregnada de valores, perspectivas y aplicaciones prácticas. La experiencia pandémica evidenció que la manera en que comunicamos los hallazgos científicos es tan crucial como la información misma.

Como señalan especialistas en comunicación científica, no es suficiente que los investigadores se involucren políticamente solo durante emergencias. La participación debe ser continua, preventiva y fundamentada en una divulgación comprensible y sensible. De otro modo, corremos el riesgo de que el conocimiento se convierta en un instrumento reactivo, en lugar de una base para decisiones fundamentadas.

Responsabilidad Social del Conocimiento

No se trata de que los profesionales de la ciencia se transformen en activistas partidistas. Más bien, debemos reconocer que toda indagación se desarrolla dentro de una red de intereses y que existe la responsabilidad de proteger la evidencia frente a distorsiones.

Esto conlleva participar activamente en el discurso público, explicando descubrimientos con terminología accesible. Igualmente, es crucial integrar espacios de decisión política, para garantizar que la evidencia oriente las acciones de gobierno.

Del mismo modo, necesitamos establecer conexiones con la comunidad, comprendiendo que la confianza se construye mediante transparencia y responsabilidad.

Hacia una Política Basada en Evidencia

La ciencia debe permitir que la información hable por sí misma, pero no basta con generarla: es necesario interpretarla, situarla en contexto y transmitirla de manera que las autoridades puedan tomar determinaciones más racionales y equitativas.

En esencia, más que insistir en la neutralidad científica, lo que requerimos es que la gestión pública adopte metodologías más rigurosas. Esto implica evaluar políticas con base en información verificable, medir sus efectos, rectificar fallos y admitir limitaciones.

Lecciones de la Historia

La experiencia histórica muestra que las naciones que incorporan sistemáticamente el conocimiento científico en sus decisiones enfrentan más eficazmente crisis sanitarias, ambientales y sociales. Y, paralelamente, que excluir la ciencia de la gestión pública acarrea consecuencias significativas: desde respuestas inadecuadas ante emergencias sanitarias hasta el agravamiento de desigualdades internacionales.

Conclusión

La relación entre ciencia y política no es simple ni directa, pero sí inexorable. En un mundo de crisis económicas, conflictos armados, pandemias, contaminación y cambio climático, la comunidad científica no puede mantenerse al margen. La cuestión fundamental es qué clase de gestión pública deseamos edificar con la ciencia como colaboradora.

La información puede orientar el camino, pero solamente si quienes la producen asumen su función social con determinación y responsabilidad. En última instancia, la política será más eficaz y la ciencia más pertinente cuando ambas reconozcan que sus destinos están inseparablemente vinculados.

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