Podemos modificar el cerebro (y la salud mental) usando luces que parpadean

📅 20/08/2025 📂 salud

Se puede estimular el cerebro a través de la visión. Un estudio demuestra que la estimulación visual intermitente puede modular la actividad cerebral, un marcador de plasticidad funcional. Esta es la capacidad del cerebro para cambiar su estructura y adaptarse, permitiendo el aprendizaje, la memoria o la recuperación de lesiones. La plasticidad no es exclusiva de la infancia; el cerebro adulto sigue reorganizando sus conexiones.

La estimulación luminosa intermitente expone al observador a una luz que parpadea a una frecuencia determinada, mientras se mide la actividad cerebral con EEG. La clave está en la frecuencia del parpadeo. Nuestro sistema visual tiene dos vías principales: parvocelular, sensible a detalles finos y cambios lentos, y magnocelular, que responde a baja resolución y cambios rápidos. Ambas funcionan de forma complementaria.

Cuando el movimiento es muy veloz, nuestro sistema visual alcanza su límite, dando lugar a un fenómeno de "sumación". Una luz que parpadea a una frecuencia muy alta, por encima de los 30 Hz (frecuencia crítica de fusión), se percibe como una luz estática. En estos límites, las vías parvo y magnocelulares juegan un papel compensatorio.

En el estudio, se usó un LED parpadeante controlado por un Arduino. Se comprobó que al estimular la visión a la frecuencia crítica de fusión con luz verde, se producía una reducción significativa de las ondas cerebrales de alta frecuencia beta y gamma. Sin embargo, al disminuir la cantidad de luz, se encontró un aumento significativo de esa actividad.

La sincronización de las ondas beta y gamma está relacionada con la función cognitiva y la percepción. Su pérdida se asocia con enfermedades como Alzheimer, autismo y esquizofrenia. La activación excesiva de beta puede generar ansiedad, mientras que su inhibición puede conducir a depresión. Por ello, son importantes biomarcadores de la salud mental.

Una breve estimulación visual puede cambiar, al menos temporalmente, la actividad cerebral. Esa capacidad de cambio es la neuroplasticidad visual. Si se afina esta relación, se podría restaurar la plasticidad perdida para reactivar una red neuronal dormida, sin necesidad de intervenciones invasivas.

Podemos modificar el cerebro (y la salud mental) usando luces que parpadean

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