Por qué la obesidad es, ante todo, una enfermedad del cerebro
La Obesidad: Una Enfermedad con Raíces Cerebrales
La obesidad tiene su origen en el cerebro, y la ciencia actual reconoce que su evolución y manejo presentan diferencias significativas entre hombres y mujeres. Esta epidemia global, que frecuentemente se asocia con la diabetes tipo 2 como una de sus consecuencias más graves, impacta en la actualidad a más de mil millones de individuos en el mundo.
Un Cerebro Ancestral en un Mundo Moderno
En un contexto ambiental que promueve el aumento de peso, nuestro cerebro sigue operando bajo principios evolutivos antiguos que hacen difícil mantener un peso reducido, incluso con medicamentos innovadores como la semaglutida. Esta nueva comprensión está modificando los enfoques terapéuticos y facilitando el desarrollo de tratamientos que actúan directamente sobre el sistema nervioso central.
Si bien comúnmente se define como un exceso de grasa corporal o un desorden metabólico, la base fundamental de la obesidad se encuentra en el cerebro, particularmente en el hipotálamo, que funciona como un regulador central del balance energético. A lo largo de la mayor parte de nuestra historia evolutiva, la humanidad enfrentó escasez de alimentos, por lo que el cerebro perfeccionó mecanismos muy eficientes para preservar las reservas de grasa, ya que perderlas podía comprometer la supervivencia.
Hoy, ese mismo cerebro debe funcionar en un entorno radicalmente distinto:
Esta discordancia entre nuestra biología y nuestro modo de vida se ve agravada en personas con cierta predisposición genética. A esto se añade un hallazgo crucial: los sistemas de regulación del peso corporal no son idénticos en ambos sexos.
El Hipotálamo: El Centro de Control
El hipotálamo procesa información hormonal (leptina, insulina), metabólica y sensorial para mantener el equilibrio entre la energía que consumimos y la que gastamos. Al perder peso, el cerebro percibe esta situación como una amenaza y desencadena respuestas defensivas: incrementa la sensación de hambre, disminuye el gasto calórico y fortalece una "memoria" del peso anterior que incentiva su recuperación.
Por esta razón, aunque la alimentación balanceada y la actividad física son pilares fundamentales para la salud y constituyen la primera línea de intervención, en muchos casos no son suficientes para contrarrestar la obesidad cuando los circuitos cerebrales ya presentan alteraciones. Esto no subestima la importancia del estilo de vida, sino que reconoce que, en algunas situaciones, el cerebro requiere apoyo farmacológico para romper el ciclo de la obesidad.
Inflamación y Diferencias por Género
Cuando el hipotálamo se inflama —debido al estrés, dietas inadecuadas, falta de sueño, cambios hormonales o factores genéticos— se perturba el funcionamiento de las neuronas que controlan el apetito y la saciedad. Algunas personas pueden regresar a su peso basal después de un período de sobrealimentación, mientras que otras tienen un mecanismo de "freno" hipotalámico menos efectivo y ganan peso con mayor facilidad. La clave de esta diferencia reside en el cerebro.
Las neuronas AgRP (que inducen hambre) y POMC (que inducen saciedad) en el hipotálamo regulan con precisión la conducta alimentaria. Además de las neuronas, el hipotálamo contiene células microgliales, que son parte del sistema inmunitario cerebral y cuyo rol ha demostrado ser determinante. Nuestras investigaciones han identificado tres etapas secuenciales de activación microglial durante las fases iniciales de la sobrealimentación.
Estas etapas no se manifiestan de la misma manera en machos y hembras. En estudios con roedores, las hembras exhiben una respuesta neuroinmune más estable y protectora, lo que podría explicar por qué desarrollan obesidad en una etapa posterior de la vida. Este patrón es similar al observado en mujeres antes de la menopausia, quienes suelen tener un menor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares comparadas con los hombres, en parte por el efecto de los estrógenos. No obstante, esta protección disminuye durante la perimenopausia y la menopausia, una etapa crítica y aún poco estudiada en relación al riesgo cardiometabólico.
Asimismo, en modelos experimentales hemos observado alteraciones muy tempranas —en la microglía, en señales lipídicas como los endocannabinoides y en la sensibilidad neuronal a la insulina— que ocurren incluso antes de que se manifiesten cambios evidentes en otros tejidos del cuerpo. Esto indica que el desencadenante inicial de la obesidad es de naturaleza cerebral. Incorporar la perspectiva de género es fundamental para diseñar tratamientos más precisos y eficaces.
Nuevos Horizontes en el Tratamiento
El manejo de la obesidad ha experimentado una transformación notable desde 2021 con la introducción de los agonistas del receptor GLP-1. Fármacos como la semaglutida, creados inicialmente para la diabetes tipo 2, han mostrado una gran eficacia para reducir el peso mediante acciones tanto en el cuerpo como en el cerebro. Sin embargo, tienen limitaciones: efectos gastrointestinales, pérdida de masa muscular, recuperación del peso al suspender el tratamiento y una respuesta variable entre pacientes.
Estudios recientes también revelan diferencias según el sexo: las mujeres premenopáusicas suelen responder mejor a estos tratamientos que los hombres.
Este panorama plantea un reto: se requieren terapias que actúen de forma más directa y específica sobre el cerebro, con menores efectos en el resto del organismo. La nanomedicina dirigida al cerebro surge como una alternativa prometedora. Nuestro equipo trabaja en el desarrollo de nanoplataformas (como micelas poliméricas o formulaciones intranasales) capaces de transportar fármacos de manera selectiva al cerebro. Estas tecnologías permiten vehiculizar moléculas que, de otra forma, serían ineficaces o tóxicas, y dirigirlas específicamente a las células que controlan el apetito y el balance energético.
Estas estrategias podrían complementar o potenciar el efecto de los fármacos actuales, reducir sus efectos adversos, mejorar la adherencia al tratamiento y beneficiar a un mayor número de pacientes. Representan un camino para abordar la obesidad desde su origen cerebral, con intervenciones más personalizadas y sostenibles a largo plazo.
Conclusión: Un Enfoque Integral
La obesidad no es una simple falta de fuerza de voluntad, como sugiere el estigma social, ni un problema meramente individual. Es una enfermedad compleja con bases profundas en un cerebro evolucionado para sobrevivir en condiciones de privación. Enfrentarla requiere una estrategia dual: fomentar hábitos de vida saludables y, cuando sea necesario, emplear terapias que modulen los circuitos cerebrales involucrados en la regulación del peso.
Entender el funcionamiento —y la disfunción— del hipotálamo será decisivo para contener esta epidemia silenciosa del siglo XXI. Y es precisamente en el cerebro donde se está desarrollando la batalla científica más esperanzadora contra la obesidad.

Contenido original en https://theconversation.com/por-que-la-obesidad-es-ante-todo-una-enfermedad-del-cerebro-270380
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