¿Por qué nos fascina tanto el crujido de los huesos? Ciencia (y mito) detrás de un sonido viral
Crujirse los dedos, notar un "crack" en la rodilla al agacharse o escuchar la espalda al estirarse son experiencias comunes. Estos sonidos no son huesos chocando, sino burbujas de gas formándose en el líquido sinovial de las articulaciones, un fenómeno llamado cavitación. En general, es inofensivo, pero si hay dolor o inestabilidad, podría indicar un problema médico.
Aunque se cree que crujirse los dedos causa artrosis, estudios no lo confirman. Sin embargo, hacerlo compulsivamente puede irritar tejidos blandos. En terapias como la quiropraxia, el sonido no garantiza eficacia; los beneficios vienen de mecanismos neurofisiológicos, no del crujido.
En redes sociales, los vídeos de ajustes articulares son populares, pero pueden crear expectativas irreales. La salud musculoesquelética depende más del movimiento activo que de técnicas pasivas. El tratamiento efectivo combina ejercicio, educación y autonomía, no solo manipulaciones.

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